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Jan
7
 

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Seth ~ Potenciales del alma. I





21.19 MIÉRCOLES

Buenas noches.

(–Buenas noches, Seth.)

Bien. Retomamos el dictado. Estamos comenzando el capítulo ocho. (Nota: esto parece ser un error de pronunciación.)

Vosotros creéis que sólo tenéis una forma, la física que percibís, y ninguna otra. También creéis que vuestra forma sólo puede estar en un lugar a la vez. Os aseguro que tenéis otras formas que no percibís, y también creáis varias clases de formas para distintos propósitos, aunque éstas tampoco las percibís físicamente.

Vuestro principal sentido de identidad está basado en vuestro cuerpo físico, y por eso es tan difícil para vosotros, por ejemplo, el imaginaros sin él, o fuera de él, o desconectados de él de alguna manera. La forma es el resultado de la energía concentrada, y su patrón es consecuencia de las ideas de imágenes psíquicas o emocionales dirigidas vívidamente. La intensidad es de suma importancia. Si tuvierais, por ejemplo, un deseo muy vívido de estar en algún otro lugar, entonces, sin daros cuenta conscientemente, una forma pseudofísica idéntica a la vuestra podría aparecer en ese lugar. El deseo acarreará la impresión de vuestra personalidad e imagen, aún cuando no seáis conscientes de esa imagen o de su aparición en ese otro lugar.

Aunque, “generalmente”, esta imagen–pensamiento no puede ser vista por otras personas, es bastante probable que en el futuro haya instrumentos científicos capaces de percibirla. Tal y como están las cosas ahora, esa imagen sólo puede ser percibida por aquellos que han desarrollado el uso de sus sentidos internos. Cualquier acto mental intenso –emoción o pensamiento– no sólo se traduce de alguna manera física o pseudofísica, sino que también acarreará hasta cierto punto la impronta de la personalidad que la concibió originalmente.

(21.30.) Existen muchas de esas formas latentes o incipientes. Para ayudaros a imaginar lo que os estoy explicando, podéis concebirlas como imágenes fantasmas, o imágenes de sombras, aunque esto no es más que una analogía; son las formas que están justo detrás, las que aún no han emergido completamente a la realidad física que vosotros conocéis, pero que, sin embargo, son lo suficientemente vívidas para conformarse. La verdad es que, si pudierais verlas, pensaríais que son bastantes reales.

En realidad cada individuo envía frecuentemente esas imágenes–réplica de sí mismo, aunque el grado de materialización puede variar; algunas formas, por ejemplo, son más indefinidas que otras. No obstante, esas formas no son meras proyecciones o imágenes «planas». Tienen un efecto definido sobre el ambiente. Se «hacen sitio» a sí mismas de una manera que es bastante difícil de explicar, aunque a veces pueden coexistir con formas u objetos físicos, e incluso se les pueden superponer, en cuyo caso hay una clara interacción, un intercambio que –de nuevo– está más allá de la percepción física.

Vosotros podríais, por ejemplo, desear fervientemente estar en una playa conocida, lejana y muy querida. Este deseo intenso actuaría inmediatamente como un núcleo de energía proyectada hacia afuera desde vuestra propia mente y tendría una forma: la vuestra. El lugar que habíais visualizado atraería entonces la forma, e inmediatamente ella estaría allí. Esto pasa con gran frecuencia.

Esa forma no podría ser vista en circunstancias normales. Por otro lado, si el deseo fuese aún más intenso, el núcleo de energía sería mayor, y una parte de vuestro propio flujo de energía se uniría a la forma, de tal manera que durante un momento en vuestra habitación podría sentirse repentinamente el olor del aire salado, o percibir de alguna otra manera el entorno en el que está esa pseudoimagen.

(21.44.) El alcance de la percepción variará enormemente. Para empezar, vuestra forma física es resultado de vuestro enfoque emocional. La maravillosa energía de vuestra psique no sólo ha creado vuestro cuerpo físico, sino que también lo mantiene.

El cuerpo no es algo continuo, aunque a vosotros os parece bastante permanente mientras dura. Está en constante estado de pulsación y, debido a la naturaleza de la energía y de su constitución, el cuerpo en realidad se enciende y se apaga.

Esto resulta difícil de explicar, y no es estrictamente necesario para nuestro propósito actual que comprendáis la razón de esta pulsación; pero, incluso físicamente, estáis «no aquí» casi tan a menudo como estáis aquí. Además de vuestro cuerpo físico, vuestra intensidad y enfoque emocionales crean otras formas, cuya duración y grado dependen de la intensidad del origen emocional.

Así pues, vuestro espacio está lleno de formas incipientes, bastante vívidas, que se encuentran bajo la estructura normal de la materia que percibís vosotros.

(Jane, como Seth, se inclinó hacia la mesita que había entre nosotros para coger mi vaso de cerveza, que estaba medio lleno. Hago esta nota debido a lo que sigue.)

Ruburt te lo agradece. No es necesario que anotes esto. Ahora iremos más despacio de vez en cuando, para poder escoger la palabra adecuada, pues algunas partes de este material son algo difíciles.

(–Muy interesante.– Ya había notado las variaciones casi regulares en el ritmo de transmisión de Jane poco después de comenzar la sesión. Algunos segmentos eran muy rápidos, otros lentos, y algunos párrafos a ritmo normal. Ese efecto era más evidente esa noche que otras.)

Bien. Estas proyecciones realmente se emiten constantemente. Unos instrumentos científicos más sofisticados que los que tenéis ahora podrían mostrar no sólo la existencia de estas formas, sino también las vibraciones de las cambiantes ondas de intensidad que rodean a esos objetos físicos que vosotros percibís.

(21.57.) Para aclarar este punto, mirad la mesa que está en la habitación. Es un objeto físico, sólido y podéis percibirlo fácilmente. Ahora, para esta analogía, imaginad que tras la mesa hay otra mesa exactamente igual, pero no tan sólida, y tras esa otra, y otra detrás de aquélla, cada una más difícil de percibir que la anterior, diluyéndose en la invisibilidad. Y delante de la mesa hay una exactamente igual, sólo que con una apariencia un poco menos física que la mesa «real», y que también tendrá otra sucesión de mesas cada vez menos físicas que se extiende hacia adelante. Y lo mismo ocurre a cada lado de la mesa.

Bien. Todo lo que aparece en un nivel físico, existe también en otros niveles que vosotros no percibís. Vosotros sólo podéis percibir las realidades cuando alcanzan un cierto «punto», cuando parece que se incorporan a la materia. Pero realmente también existen en otros niveles y con bastante validez.

Ahora podríais tomaros un descanso y relajaros en otro nivel.

(De 22.02 a 22.20.) También hay realidades (pausa) que son «relativamente más válidas» que la vuestra, en las que, siguiendo con la analogía, vuestra mesa física parecería una sombra, como aquellas otras mesas más indefinidas que hemos imaginado; tendríais, pues, una especie de «supermesa». El vuestro, sin embargo, no es un sistema de realidad que esté formado por la concentración de energía más intensa: es simplemente aquel con el que estáis sintonizados y del que sois parte. Y es simplemente por esa razón por la que lo percibís.

No obstante, hay otras partes vuestras que no conocéis conscientemente que moran en lo que vosotros llamaríais un supersistema de realidad en el que la consciencia aprende a manipular y percibir concentraciones de energía más fuertes, y a elaborar «formas» de naturaleza verdaderamente distinta.

Vuestro concepto del espacio resulta sumamente distorsionado, ya que para vosotros el espacio es sencillamente aquel lugar en el que no se percibe nada. Es evidente que está lleno de todo tipo de fenómenos (pausa) que no hacen impresión alguna en vuestros mecanismos de percepción. En algunas ocasiones conseguís sintonizar con esas otras realidades hasta cierto punto, y lo hacéis de modo intermitente, aunque en algunos casos la experiencia se pierde porque no se la registra físicamente.

(Pausa a las 22.30.) Volved a pensar en aquella forma que enviasteis al mar. Aunque no estaba equipada con vuestros sentidos físicos, era en sí misma capaz de percibir, hasta cierto punto. Vosotros la proyectasteis sin saberlo, pero siguiendo leyes bastante naturales. Era una forma elaborada a partir de un intenso deseo emocional. (Pausa.) Esa imagen sigue entonces las leyes de su propia realidad y, hasta cierto punto –y en grado menor que vosotros–, tiene su propia consciencia. (Pausa.)

Volviendo a usar una analogía, vosotros habéis sido enviados fuera por un superyó que deseó fuertemente la existencia en forma física. Pero no sois un títere de ese superyó; seguís vuestra propia línea de desarrollo y, con unos medios demasiado complicados para explicarlos aquí, añadís experiencia al superyó y ampliáis la naturaleza de su realidad. También aseguráis vuestro propio desarrollo, y podéis beneficiaros de la experiencia del superser.

Tampoco seréis nunca tragados por el “yo” que, así explicado, parece tan superior. Debido a que existís, enviáis fuera proyecciones vuestras, como hemos dicho antes. En la realidad de la consciencia no hay límites, ni tampoco en sus medios de materialización. Y tampoco existe límite alguno en los posibles desarrollos de cada identidad.

Bien. Quería empezar este capítulo esta noche para que pudiéramos tener un buen comienzo. Sin embargo, tendremos una sesión fácil y cómoda.

(–Estoy bien.)

Has bostezado bastante a menudo.

(–Eso no importa. Ahora me siento muy bien.)

Tomaos un pequeño descanso y luego continuaremos.

(22.43. El trance de Jane había sido bueno, y el ritmo regular. Volvemos con más lentitud a las 22.54.)

Dejadme que lo aclare de nuevo: vuestra personalidad actual, como la concebís vosotros, es verdaderamente «indeleble» y después de la muerte continúa creciendo y desarrollándose.

Lo vuelvo a mencionar para que no os sintáis perdidos, negados o insignificantes. Obviamente existe un número infinito de gradaciones en los tipos y clases de formas de las que hemos estado hablando. Esa energía que proyecta nuestro «superyó», esa chispa de intensa identidad que desencadenó vuestro nacimiento físico, ese ímpetu único, en cierto sentido tiene muchas similitudes con el viejo concepto del alma, excepto que sólo contiene una parte de la historia.

(Larga pausa a las 23.01. Jane hacía ahora pausas muy marcadas entre frases, mientras transmitía el material.)

Mientras continuáis existiendo y desarrollándoos como individuos, vuestro ser total, o alma, tiene un potencial tal que nunca puede expresarse totalmente a través de una sola personalidad, como ya expliqué someramente en un capítulo anterior.

Vosotros podéis crear una forma a través de un enfoque emocional intenso y proyectarla a otra persona, que puede entonces percibirla. Esto se puede hacer consciente e inconscientemente, y es bastante importante. Aquí no incluimos a la llamada forma astral, que es algo totalmente diferente. El cuerpo físico es la materialización de la forma astral.

(23.05.) Sin embargo, ella no abandona el cuerpo en ningún momento, y no es ella la que se proyecta en casos como los de la analogía de la orilla del mar que usamos anteriormente. En el presente no sólo estáis enfocados en el cuerpo físico, sino, también, en una frecuencia de acontecimientos que interpretáis como tiempo. Simultáneamente existen otros períodos históricos igualmente válidos, y otros “yoes” reencarnados, pero no estáis sintonizados con esas frecuencias.

Podéis saber lo que sucedió en el pasado y tener historia, ya que, de acuerdo con las reglas del juego que habéis aceptado, creéis que podéis percibir el pasado, pero no el futuro. Podríais tener la historia del futuro en el presente, si las reglas del juego fueran diferentes. ¿Me sigues?

(–Sí.)

(Larga pausa a las 23.11.) En otros niveles de realidad, las reglas del juego cambian. Después de la muerte –hablando en vuestros términos– estáis bastante abiertos a la percepción, y el futuro os parece tan claro como el pasado. Sin embargo, incluso esto es muy complicado, pues no hay un solo pasado. Vosotros aceptáis como reales sólo cierta clase de acontecimientos, y desdeñáis otros. No obstante, hay también pasados probables que existen más o menos fuera de vuestra comprensión. Escogéis un grupo particular de esos acontecimientos y os aferráis a ellos como si fuesen los únicos posibles, sin daros cuenta de que habéis seleccionado de una variedad infinita de acontecimientos pasados.

Obviamente, también existen futuros probables y presentes probables. Estoy intentando explicar esto en vuestros términos, ya que, básicamente, las palabras «pasado», «presente» y «futuro» carecen de significado en lo que se refiere a la verdadera experiencia, tanto como las palabras «ego», «consciente» o «inconsciente».

Terminaré ahora el dictado por esta noche. (Risueño:) En esta noche probable elijo esta alternativa probable. Mis mejores deseos para vosotros dos.

(23.20. A continuación Seth nos transmitió dos páginas de material muy interesante, relativo a un psíquico–escritor y a su mujer, que fueron testigos de la suprimida sesión 529, del pasado lunes 18 de mayo. La sesión de esta noche terminó realmente a las 23.35.)


SESIÓN 530, 20 DE MAYO DE 1970
Extracto de LA ETERNA VALIDEZ DEL ALMA – HABLA SETH por JANE ROBERTS





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Seth ~ Potenciales del alma. II





21.22 LUNES

Buenas noches.

(–Buenas noches, Seth.)

Bien. Retomemos el dictado.

No sólo sois parte de otros “yoes” independientes, cada uno de los cuales está enfocado en su propia realidad, sino que existe también una interrelación. Debido a ella, vuestra experiencia no necesita, por ejemplo, estar limitada por los mecanismos físicos de percepción. Podéis tener acceso al conocimiento que pertenece a esos otros “yoes” independientes. Podéis aprender a enfocar vuestra atención fuera de la realidad física, para aprender nuevos métodos de percepción que os permitan ampliar vuestro concepto de la realidad y expandir enormemente vuestra experiencia.

(21.28. La transmisión de Jane comenzó a acelerar su ritmo.)

Pero, como creéis que la existencia física es la única válida, no se os ocurre mirar a otras realidades. Cosas tales como la clarividencia y la telepatía os pueden dar pruebas de otros tipos de percepción, pero también estáis involucrados en experiencias bastante definidas, tanto cuando estáis en el estado normal despierto como cuando dormís.

El llamado flujo de consciencia es simplemente eso: un pequeño flujo de pensamientos, imágenes e impresiones, que forma parte de un río más profundo de consciencia que representa vuestra propia existencia y consciencia principales. Vosotros perdéis todo vuestro tiempo examinando este pequeño flujo, de manera que quedáis hipnotizados por su fluir y hechizados por su movimiento. Simultáneamente esos otros flujos de percepción y consciencia pasan por vuestro lado sin que os deis cuenta, y, sin embargo, ellos son una parte vuestra muy importante y representan aspectos, acontecimientos, acciones y emociones bastante válidos, con los que también estáis comprometidos en otros niveles de realidad.

(21.35.) Estáis implicados tan vívida y activamente en estas realidades como lo estáis en esa otra en la que ahora tenéis enfocada vuestra atención principal. Como por lo general sólo estáis interesados en vuestro ser y vuestro cuerpo físicos, fijáis la atención en el flujo de consciencia que os parece que está relacionado con ellos. Esos otros flujos de consciencia, no obstante, están conectados con otras formas del “yo” que no percibís. En otras palabras, el cuerpo es simplemente una manifestación de lo que sois en una realidad, pero también tenéis formas en esas otras realidades.

«Vosotros» no estáis separados de esos otros flujos de consciencia en manera alguna; lo que ocurre es que el enfoque de vuestra consciencia os cierra a ellos, y también a los acontecimientos que les conciernen. Pero, si imagináis que vuestro flujo de consciencia es transparente, podréis aprender a mirar a través de él y bajo él a otros que están en otros planos de realidad. También podéis aprender a saliros de vuestro flujo de consciencia presente y percibir otros que –siguiendo con la analogía– corren paralelos a él. El hecho es que estaréis limitados por el “yo” que conocéis, si pensáis que sólo sois eso y no os dais cuenta de que ese “yo” es una ínfima parte de vuestra identidad total.

A menudo sintonizáis con esos otros flujos de consciencia sin advertir que lo habéis hecho, pues, repito, son parte del mismo río de vuestra identidad, por el cual todos están conectados.

Todo trabajo creativo os implica en un proceso cooperativo por el que aprendéis a profundizar en esos otros flujos de consciencia, para conseguir una percepción que tiene muchas más dimensiones que la que hay en ese flujo de consciencia normal y estrecho que conocéis. Por esta razón, la gran creatividad es multidimensional. Su origen no tiene lugar en una sola dimensión, sino en muchas, y tiene el matiz de la multiplicidad de ese origen.

(21.49.) La gran creatividad siempre parece mayor que su dimensión y realidad puramente físicas. En contraste con lo llamado normal, parece casi una intrusión. Corta la respiración. Una creatividad tal automáticamente recuerda a todo hombre su propia realidad multidimensional. Por tanto, la máxima «conócete a ti mismo» tiene mucho más significado del que mucha gente podría suponer.

En momentos de soledad podéis conocer alguno de esos otros flujos de consciencia. A veces podéis oír palabras o ver imágenes que aparecen fuera de contexto en vuestros pensamientos. De acuerdo con vuestra educación, creencias y formación, podéis interpretarlas de múltiples maneras; a ese respecto, incluso podrían originarse en fuentes distintas. Sin embargo, en muchas ocasiones habéis sintonizado inadvertidamente con uno de esos flujos de consciencia, y habéis abierto momentáneamente un canal a esos otros niveles de realidad en que habitan otras partes vuestras.

Algunos de esos flujos pueden incluir pensamientos de lo que vosotros llamaríais un “yo” reencarnado, enfocado en otro período de la historia, según la conocéis vosotros. También podríais «pescar» un acontecimiento en el que estuviese involucrado un “yo” probable, de acuerdo con vuestra inclinación, vuestra flexibilidad psíquica, vuestra curiosidad y vuestro deseo de conocimiento. En otras palabras, podéis ser conscientes de una realidad mucho mayor que la que conocéis, usar capacidades que no sabéis que poseéis, conocer más allá de toda duda que vuestra consciencia e identidad propias son independientes del mundo en el que enfocáis ahora vuestra atención principal. Si todo esto no fuera verdad, yo no estaría escribiendo este libro y vosotros no lo estaríais leyendo.

(Con sentido del humor:) Ahora vosotros podéis tomaros un descanso.

(–Gracias.– De las 22.01 a las 22.10.)

Ahora bien: esas otras existencias vuestras siguen alegremente su curso aunque estéis despiertos o dormidos, aunque normalmente las bloqueáis cuando estáis despiertos. En estado de sueño sois mucho más conscientes de ellas, si bien hay un proceso final en el sueño que frecuentemente enmascara las experiencias psicológicas y psíquicas intensas y, desafortunadamente, lo que soléis recordar es la versión onírica final.

En esa versión final convertís la experiencia principal en algo que sea lo más parecido posible a los términos físicos; por tanto, llega distorsionada. Aún así, los niveles más profundos del ser no hacen ese proceso final de arreglo, sino que es algo mucho más cercano a un proceso consciente de lo que creéis.

Una pequeña aclaración podría explicar lo que quiero decir aquí. Si no queréis recordar un sueño en particular, vosotros mismos censuráis la memoria en unos niveles bastante cercanos a la consciencia. A menudo incluso podéis sorprenderos en el acto de suprimir deliberadamente el recuerdo de un sueño. El proceso de arreglo ocurre casi en el mismo nivel, aunque no del todo.

Aquí se disfraza apresuradamente a la experiencia principal con ropas lo más parecidas posible a las físicas. Eso no lo hacéis porque queráis entender la experiencia, sino porque rehusáis aceptar que sea esencialmente no física. No todos los sueños son de esa naturaleza; algunos tienen lugar en áreas psíquicas o mentales conectadas con vuestra actividad diaria, en cuyo caso el proceso del disfraz no es necesario. Pero en niveles muy profundos de la experiencia del sueño –aquellos que, casualmente, aún no han sido investigados por los científicos en los llamados laboratorios de sueños– entráis en comunicación con otras partes de vuestra propia identidad, y con las otras realidades en las que existen.

(22.20.) En ese estado os dedicáis a trabajos y labores que pueden estar conectados o no a vuestros intereses, tal y como los conocéis. Aprendéis, estudiáis, jugáis; hacéis cualquier cosa excepto dormir (sonrisa), según la idea que tenéis del término. Estáis muy activos. (Con sentido del humor.) Estáis inmersos en el trabajo de fondo, en el verdadero núcleo de la existencia.

Permitidme señalar aquí que lo que ocurre sencillamente es que no estáis inconscientes. Sólo lo parece, ya que por regla general no recordáis nada de esto por la mañana. Sin embargo, hay personas que son parcialmente conscientes de estas actividades, y existen métodos que os permitirán recordarlos hasta cierto punto.

No quiero minimizar la importancia de vuestro estado de consciencia, como, por ejemplo, el que tenéis cuando estáis leyendo este libro. Presumiblemente estáis despiertos; pero, en gran parte, cuando estáis despiertos descansáis mucho más de lo que lo hacéis en el llamado estado inconsciente nocturno. En él conocéis mucho más ampliamente vuestra propia realidad, y sois libres para usar esas capacidades que desdeñáis o negáis durante el día.

(22.26.) Por ejemplo, a un nivel muy simple, vuestra consciencia abandona a menudo vuestro cuerpo en estado de sueño. Os comunicáis con personas que habéis conocido y que están en otros niveles de realidad, y, lo que es más, mantenéis y revitalizáis creativamente vuestra imagen física. Procesáis la experiencia diaria, la proyectáis en lo que vosotros pensáis como futuro, escogéis entre un infinito número de acontecimientos probables que vais a hacer físicos, y comenzáis los procesos psíquicos y mentales que los traerán al mundo de la sustancia.

Y, al mismo tiempo, hacéis que esta información esté disponible para todas esas otras partes de vuestra identidad que habitan en realidades totalmente diferentes, a la vez que recibís de ellas información recíproca. No perdéis el contacto con vuestro “yo” ordinario despierto: sencillamente no estáis enfocados en él, sino que centráis la atención en otra parte. Durante el día simplemente invertís el proceso. Si mirarais vuestro ser normal diario desde el otro punto de vista, encontraríais a vuestro ser físico despierto tan extraño como encontráis al ser dormido. En realidad, esta analogía no es cierta porque vuestro ser dormido tiene mucho más conocimiento que vuestro ser despierto, por muy orgullosos que estéis de éste.

(22.35.) La aparente división no es arbitrarla, ni tampoco se os impone. Está causada sencillamente por vuestro estado actual de desarrollo, y es cambiante. Muchas personas hacen excursiones a otras realidades; nadan, por así decirlo, por otros flujos de consciencia, y esto forma parte de sus vidas normales en estado de vigilia. ¡A veces pululan extraños peces por esas aguas!

Evidentemente yo soy ahora uno de ellos –hablando en vuestros términos–, que nada a través de otras dimensiones de la realidad y observa una dimensión de existencia que es vuestra y no mía. Existen, por tanto, canales entre todos esos flujos de consciencia, entre todos esos ríos simbólicos de la experiencia psíquica y psicológica, y se pueden hacer viajes tanto desde de vuestra dimensión como desde la mía.

Bien. Inicialmente Ruburt, Joseph y yo formábamos parte de la misma entidad o identidad total, así que, simbólicamente hablando, hay corrientes psíquicas que nos unen. Todo esto confluye en lo que se ha comparado a menudo con un océano de consciencia, un pozo del que brota toda realidad. Empezad por cualquier consciencia y, teóricamente, encontraréis a todas las otras.

(Pausa a las 22.43.) Bien. A menudo el ego actúa como si fuese una presa, para mantener alejadas otras percepciones; no porque fuese ése su objetivo, o porque esté en su naturaleza comportarse de esa manera, ni siquiera porque ésa sea la función principal de un ego, sino sencillamente porque se os ha enseñado que el objetivo de un ego es restrictivo en lugar de expansivo. Vosotros creéis realmente que el ego es una parte muy débil del “yo”, que debe defenderse de otras partes del “yo” que son mucho más fuertes y persuasivas e incluso más peligrosas; así que lo habéis entrenado para que lleve anteojeras y se comporte en contra de sus inclinaciones naturales.

La verdad es que el ego quiere entender e interpretar la realidad física, y relacionarse con ella. Quiere ayudaros a sobrevivir en la existencia física; pero, al ponerle anteojeras, impedís su percepción y su flexibilidad originales. Y, una vez vuelto inflexible, decís que ésa es la función y la característica del ego.

Éste no puede relacionarse con una realidad que vosotros le impedís percibir, y mal podrá ayudaros a sobrevivir si no le permitís usar sus capacidades para descubrir las verdaderas condiciones en que debe operar. Vosotros le ponéis las anteojeras, y luego decís que no puede ver.

Podéis tomaros un descanso.

(22.49. Jane había estado desligada. «Esta noche he estado fuera, en verdad te lo digo…» Su ritmo había sido bueno, con pausas cortas de vez en cuando. Continuamos a las 23.02.)

Ése era el final del dictado. Ahora dadnos un momento.

(Siguiendo su patrón de los últimos días, Seth acabó la sesión con un par de páginas de otro material. Esta vez trataban sobre los motivos que había habido para los años que pasó Jane entrenándose escribiendo poesía y obras de ficción. Pensé que era muy ingenioso. Seth nos explicó cómo la poesía de Jane había sido siempre «un producto creativo de su deseo de entender la naturaleza de la existencia y de la realidad, su manera de probar psíquicamente […] otros reinos […] un método de investigación y un método de explorar los resultados.»)

(Sus obras de ficción, añadió Seth, eran «su manera de probar otras probabilidades y de tratar de entender a otras personas. Toda su [obra] forma parte de su vida creativa, pero ahora ella está investigando mucho más directamente la naturaleza de la realidad […] Hay una gran unidad entre los intereses principales de la personalidad. Nada se queda atrás. El “yo” creativo está trabajando, ¿comprendéis?, yendo exactamente a donde quiere ir».)

(Las experiencias psíquicas de Jane, dijo Seth, iniciarían por sí mismas otras tareas creativas que la llevarían a ahondar en aguas aún más profundas de la creatividad universal, literalmente sin fin…)

(Fin a las 23.21.)


SESIÓN 531, 25 DE MAYO DE 1970
Extracto de LA ETERNA VALIDEZ DEL ALMA – HABLA SETH por JANE ROBERTS





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