Compartir.:::>Omraam M. Aivanhov ~ El trabajo del pensamiento: Extraer la quintaesencia.:::.Krishnamurti ~ 1._ ¿Por qué desea cosas la gente?. | AGHARTAN

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Apr
6

Compartir.:::>Omraam M. Aivanhov ~ El trabajo del pensamiento: Extraer la quintaesencia.:::.Krishnamurti ~ 1._ ¿Por qué desea cosas la gente?.

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Omraam M. Aivanhov ~ El trabajo del pensamiento: Extraer la quintaesencia.
 

Hoy querría detenerme sobre la cuestión del trabajo que podéis realizar con el pensamiento.

Sé muy bien que la mayoría de personas no practican esta actividad, no se dedican a concentrarse y a meditar, porque consideran que esto es inútil. ¿Por qué perder un tiempo precioso que podríamos emplear en ocupaciones mucho más importantes? Los seres humanos están tan acostumbrados a trabajar en lo superficial, que resulta difícil dirigirlos hacia otra concepción de la vida. No se imaginan que en el trabajo con el pensamiento hay unas posibilidades fantásticas que ninguna otra actividad puede proporcionar.

Veamos algunas imágenes. Cuando se extrae hierro o cobre de un mineral se necesitan toneladas y toneladas de este mineral para obtener cierta cantidad de metal; el resto es la ganga, la tierra que debemos desechar. Asimismo, para obtener algunos litros de esencia de rosas de Bulgaria, son necesarios vagones de pétalos. Por consiguiente, es tan preciosa, que un litro de esencia de rosas vale una fortuna. En cierta manera todos los trabajos de los seres humanos consisten, en general, en remover la ganga, la materia más basta, mientras que el trabajo con el pensamiento permite extraer la quintaesencia. Si no sabéis trabajar con el pensamiento para concentraros, controlaros, dominaros, orientar vuestras energías y dirigirlas hacia regiones superiores, todo lo que podréis obtener será parecido a los vagones de material que estorban, y con los que nada puede hacerse mientras no aprendáis a extraer de ellos la quintaesencia.

Por este motivo los Iniciados trabajan tanto para obtener esta quintaesencia, que es algo imponderable que da gusto y sentido a las cosas. Incluso admitiendo que poseéis todas las riquezas de la tierra, si no tenéis esta quintaesencia, que se encuentra en el plano mental, os sentiréis pobres, vacíos, inquietos e insatisfechos. No es la cantidad de materia lo que da sentido a la vida, sino su calidad, su quintaesencia. Por desgracia todas las actividades humanas consisten en romper piedras, en acumular mineral, simbólicamente hablando, sin llegar a extraer la quintaesencia, pues para obtenerla es necesario realizar otro tipo de actividad.

Las personas trabajan y ganan dinero, pero por más que hagan siempre se quejan de que falta algo. Precisamente lo que les falta es esta quintaesencia, este algo infinitesimal que da sentido a la vida. Se lanzan únicamente sobre la cantidad, mientras que la quintaesencia sobreentiende la calidad. Todo el mundo se orienta hacia la cantidad, la producción, el consumo, sin preocuparse de la calidad. La cantidad es el mundo físico, las piedras, la tierra. La calidad es el mundo espiritual, el mundo divino.

Unicamente en las Escuelas iniciáticas se enseña a los discípulos a buscar la quitaesencia.

Una Escuela iniciática es como una destilería. Y, ¿qué se destila en ella? Todo lo que el hombre ha vivido y ha acumulado en cuanto a pensamientos, sentimientos y sensaciones; todas las experiencias que ha tenido, incluyendo estupideces y sufrimientos. En una Escuela iniciática el discípulo aprende a extraer la quintaesencia de su existencia, es decir, aprende a asimilar unas lecciones, obtener una sabiduría, comprender cómo actúan las leyes y porqué en determinado campo ha conseguido éxitos mientras en otro sólo ha cosechado fracasos.

Un Iniciado es un ser que ha conseguido extraer la quintaesencia de su propia vida. Es como si fuera un frasquito del que emana un perfume inagotable. Cuando un Iniciado ha encontrado la quintaesencia de su vida, de su ser, ha encontrado lo más precioso y lo más puro que pueda existir: la quintaesencia de toda la creación, Dios. La quintaesencia es lo más perfecto que podemos encontrar. Es una fragancia, algo precioso, que despide olor e irradia de una manera inagotable. Un solo gramo de esta preciosa materia es capaz de esparcir partículas y más partículas por el espacio sin que ella misma disminuya en absoluto. La quintaesencia del hombre es su espíritu.

Los eruditos se maravillan de lo que descubren, pero jamás se han asombrado de ellos mismos… y, sin embargo, constituyen una quintaesencia más preciosa que un trozo de uranio o plutonio. Hay que asombrarse y maravillarse de uno mismo sabiendo que ya hace tiempo que somos plutonio o radio, o sea un elemento inestimable que irradia desde hace miles de millones de años y que continuará irradiando durante milenios. Qué lástima que sea sólo el mundo externo el que atraiga a los seres humanos: son como niños que no tienen conciencia de su mundo interno y exploran continuamente el terreno a su alrededor.

Cuando el hombre abandona el trabajo del pensamiento, que es el único capaz de ordenar y orientar su vida, poco a poco desciende al Infierno, porque el Infierno también está en él. El hombre contiene en sí mismo el Infierno y el Cielo, y de él depende el que vaya hacia uno o hacia otro. ,Pero como el hombre quiere ser libre e independiente porque «quiere vivir su vida», la mayoría de las veces se dirige hacia el Infierno, hacia el desorden y el caos. No os dejéis influir por todos los ignorantes que quieren alejaros de la vida espiritual, persuadiéndoos de que de este modo seréis felices. ¡Es imposible! Escuchad más bien a los Iniciados que os aconsejan orar y meditar cada día. Naturalmente, también tenéis que continuar trabajando en el mundo, desempeñando vuestro oficio, ganando dinero, pero no rechacéis por completo el único medio que puede llevaros a una vida más sensata y más rica.

Continuamente constato que las personas trabajan contra ellos mismos: han suprimido todo lo que es esencial, todo lo que podía orientarlos hacia una vida espléndida al darles sabiduría y control, es decir, el trabajo del pensamiento. Para obtener grandes resultados hay que empezar atrabajar desde muy joven en este sentido, con paciencia y con tenacidad.

Removiendo las entrañas de la tierra se extraen miles de toneladas de piedra y de tierra: eso es lo más fácil. Lo más difícil es extraer lo que contiene este elemento. El trabajo del pensamiento también es difícil. La mayoría de la gente se imagina que sus meditaciones darán resultado inmediatamente, pero al no constatar resultados inmediatos, abandonan esta práctica. ¿Por qué tienen tanta prisa? Hace falta tiempo, mucho tiempo, para extraer lo más valioso. Tenéis que comprender bien lo siguiente: desde el preciso momento en que habéis empezado este trabajo ya no debéis deteneros, sino que tenéis que dedicar cada día algunos minutos, como mínimo, a la meditación, y si es posible una hora o dos. En realidad, sería menester poder dedicarle días enteros. Algunos minutos es muy poco, pues, ¿qué quintaesencia puede extraerse en este espacio de tiempo?

Observad estos países pobres, incluso desérticos, en los que se han descubierto fantásticas riquezas subterráneas: petróleo, gas natural, oro, diamantes… Del mismo modo, si el más desheredado y desgraciado de los hombres puede comprender estas verdades e inicia en su vida este proceso de selección y destilación, conseguirá sacar de sus fracasos, desgracias y estupidez, una quintaesencia o sabiduría: descubrirá las leyes, comprenderá los designios de la Providencia y encontrará su camino para el futuro.

Así pues, creedme: si conseguís extraer la quintaesencia de vuestra vida, os convertiréis en algo valioso. De la misma manera, aquel país tan pobre que un día encuentra una mina de diamantes, se vuelve rico gracias al subsuelo, repleto de piedras preciosas. Incluso si vosotros fueseis el ser más abandonado y desgraciado del mundo, podríais volveros archimillonarios, reyes de talo cual virtud, cualidad o sabiduría.

El pensamiento es el medio más eficaz que existe para vivir la vida divina, pero con la condición, evidentemente, de concentrarse únicamente en cosas positivas. Porque todo el mundo piensa, pero, ¿de qué manera? Es como si uno se acerca a un montón de estiércol y empieza a removerlo:
entonces éste desprende un olor nauseabundo. Los seres humanos a menudo piensan así:
remueven la basura, y ¡todo apesta! Todo el mundo piensa, no existe nadie que no piense. Los humanos, aún cuando no estén concentrados, piensan, pero piensan mal. Yo no digo que las personas tengan que esforzarse en pensar, pues ya piensan, porque el pensamiento es lo primero y lo preside todo. También piensan los perezosos, pero su pensamiento flota como hoja arrastrada por el viento. Otros piensan en cómo engañar, robar, sisar o asesinar. Seguro que su pensamiento trabaja, pero esto no es verdaderamente pensar.

Para pensar de verdad, ante todo hay que saber sobre qué pensar y luego cómo hacerlo.

Cuando hablo del pensamiento, hablo de un instrumento que tenemos que utilizar para acercarnos al mundo divino: un mundo de luz, de certeza y de paz. Si el pensamiento no nos acerca al mundo divino, nos acercará al Infierno. En realidad el pensamiento está ligado tanto al uno como al otro, y por esto tenéis que esforzaros en arrancarlo de todos los poderes inferiores a los que está sujeto, orientándolo hacia el Cielo. De lo contrario vivís en el Infierno, y aunque consigáis éxitos y seáis bien acogidos en recepciones suntuosas donde os saluden las más grandes personalidades, continuáis viviendo en el Infierno. Mientras que si sabéis orientar vuestro pensamiento hacia el mundo divino, aunque estéis aislados, experimentáis una alegría inmensa, porque el cielo y la tierra están en vuestro interior, os pertenecen. Naturalmente, aquél que os vea podrá pensar:

«Verdaderamente está loco: no sabe por qué está tan contento». Pero, ¿qué importa lo que digan los demás? El hombre ha sido creado para poder vibrar en consonancia con el Cielo y con el Infierno. El Señor no lo ha limitado. Y cuando hay personas que dicen: «Si Dios existiera impediría que las personas cometieran crímenes», yo les respondo que son unos ignorantes, pues la grandeza de Dios estriba precisamente en haber dado a los seres humanos la libertad de convertirse en malhechores. Si El lo hubiera impedido, todos seríamos unos robots, unos autómatas. ¿Cuál sería la grandeza de Dios si no tuviéramos ninguna libertad? Todos cantaríamos la misma canción y ello carecería de interés. Por esto Dios ha dicho: «Sería muy aburrido si los hombres hiciesen siempre las mismas cosas, hagámosles un poco libres». Y ahora, El asiste al espectáculo… Sí, porque se trata de un teatro.

Naturalmente vais a contestarme: «Ud. se contradice, porque nos ha dicho varias veces que el Señor no se fija nunca en lo que hacen los seres humanos». Claro que El no los observa, ya sabe de antemano de lo qué son capaces, entonces, ¿para qué vigilarlos? Conoce tan bien lo que puede esperar de ellos, que no se sorprende en absoluto. Nunca se puede sorprender al Señor, ya que sabe con antelación lo que puede pasar. Por esto ha tomado su equipaje y se ha trasladado allá arriba, donde se ocupa de otras recepciones, dejando a los seres humanos en libertad para romperse la cabeza.

Bien, dejemos de lado esta cuestión. Lo que quiero que comprendáis por encima de todo es la importancia que tiene este hábito de no dejar pasar un solo día sin concentraros en temas elevados, pues en este instante estáis desencadenando fuerzas de orden superior y entráis en comunicación con las regiones más puras, de las que captáis una ayuda, un sostén. ¿Realmente son tan grandes las ventajas obtenidas? Son inmensas. En primer lugar mejora vuestra salud, pues dejáis de perder cantidad de energía en peleas externas einternas. A continuación, os limpiáis de elementos impuros y os enriquecéis con elementos nuevos, más espirituales. Finalmente las entidades que habitan en los planos superiores os conocen más y mejor, porque continuamente estáis proyectando rayos luminosos tan poderosos que estas entidades empiezan a darse cuenta de que, en medio de las tinieblas de la tierra, hay un ser que hace señales, y se sienten obligadas a preocuparse de él.

Es muy importante que nos acostrumbremos a esta práctica de la meditación. Claro está que no os aconsejo vivir como los yoguis, que meditan todo el día; pero cortar los lazos con el Cielo sólo para ganar dinero, o hacer negocios, tampoco es recomendable. Como podéis ver, los consejos que os doy son los mejores. Podéis ganar dinero, hacer amistades, y todo lo que queráis, pero dedicad también un poco de tiempo en conseguir la quintaesencia. Porque aún admitiendo que poseáis el mundo entero, si no tenéis esta quintaesencia, os preguntaréis: «¿Qué puedo hacer con todo esto? Me siento agobiado», y seréis desgraciados. No os servirá de nada haber conquistado el mundo si no tenéis la quintaesencia.

Y recordad que esta quintaesencia sólo se obtiene por medio del pensamiento. Por ejemplo, cuando os encontráis en dificultades, sois desgraciados y habéis perdido lo que poseíais, aún os queda el pensamiento. En tal caso, trabajad con él, concentradlo, dirigidlo hacia el Cielo para poneros en comunicación con las entidades superiores, y siempre experimentaréis una mejora.

Por medio de la oración y de la meditación se puede encontrar todo. Algunas personas eran tan desgraciadas que querían desaparecer, suicidarse, pero han orado una y otra vez, y con ayuda del pensamiento se han puesto en comunicación con mundos tan extraordinarios, que han comprendido que en realidad no habían perdido nada, y no les habían causado ningún mal. Se sentían de nuevo ricos y dichosos. Poseer la quintaesencia consiste precisamente en esto.

Omraam Mikhaël Aïvanhov
Los secretos del libro de la naturaleza

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Krishnamurti ~ 

1._ ¿Por qué desea cosas la gente?.

2._Hay diversos factores implicados en la desintegración humana y hay diversas maneras en que los hombres se desintegran.

 Integrar es unir, completar.
3_ Si ustedes están integrados, sus pensamientos, sentimientos y acciones son enteramente una unidad que se mueve en un solo sentido, no se contradicen entre sí.
 Cada uno es, entonces, un ser humano total, sin conflicto. Eso es lo que ¡implica la integración.
 Desintegrar es lo opuesto de eso, es desmoronar, despedazar, dispersar lo que ha sido unido. Y hay muchas maneras en que los seres humanos se desintegran, se desmoronan, se destruyen a sí mismos.
4_ Pienso que uno de los factores principales es el sentimiento de envidia, el cual es tan sutil que se le considera, bajo diferentes nombres, como valioso, útil, un elemento digno de estima en la conducta humana.

5_¿Saben lo que es la envidia? 

Empieza cuando todavía son muy pequeños: se sienten envidiosos de un amiguito que tiene mejor apariencia, que posee cosas mejores o una mejor posición social.
 6_Sienten celos si otro niño u otra niña les supera en la clase, si tiene padres ricos o si pertenece a una familia más distinguida.

Así, la envidia o los celos empiezan a una edad muy temprana y gradualmente adoptan la forma de la competencia.

¿Saben lo que es la envidia?

 7._Ustedes quieren hacer algo que les distinga, obtener mejores notas, ser mejores atletas que algún otro compañero, quieren superar a los demás, brillar más que ellos.

8_A medida que van creciendo, la envidia se vuelve más y más fuerte.

 El pobre envidia al rico y el rico envidia al más rico.
 Está la envidia de aquéllos que han tenido experiencias y quieren tener más experiencias, y la envidia del escritor que quiere escribir mejor todavía. 
El deseo mismo de ser mejor, de convertirse en algo meritorio, de tener más de esto o de aquello, es afán adquisitivo, es el proceso de acumular, de guardar.
 Si lo observan, verán que casi todos tenemos el instinto de adquirir, de poseer más y más vestidos, adornos, , más ropas, más casas, más propiedades.
 Y si no es eso, entonces queremos más experiencias, más conocimiento; deseamos sentir que sabemos más que algún otro, que hemos leído mucho más que otro. 
Queremos estar más cerca que otros de algún funcionario importante con alta posición en el gobierno, o sentir que espiritualmente, internamente, estamos más evolucionados que los demás.
 Queremos ser conscientes de que somos humildes, virtuosos, de que podemos explicar cosas que otros no pueden.

Así, cuanto más adquirimos, mayor es nuestra desintegración.

 Cuanto más propiedades, más fama, más experiencia, más conocimiento acumulamos, más rápido es nuestro deterioro. 
Desde el deseo de ser o de adquirir más, brota la enfermedad universal de los celos, de la envidia.
 ¿No han observado esto en sí mismos y en las personas adultas que les rodean? ¿No han advertido cómo el maestro desea ser profesor y el profesor desea ser el director?
 ¿O cómo el propio padre o la madre de ustedes desean más propiedades, mayor reputación?

En la lucha por adquirir nos volvemos crueles.

 En la adquisición no hay amor.
El modo adquisitivo de vida es una batalla constante con nuestro prójimo, con la sociedad, batalla en la que hay un permanente temor; pero justificamos todo esto y aceptamos los celos como inevitables.
 Pensamos que debemos ser adquisitivos, aunque designemos eso con una palabra que suena mejor: lo llamamos evolución, crecimiento, desarrollo, progreso, y decimos que es algo esencial.

9_Vean, muy pocos estamos conscientes de esto; no nos damos cuenta de que somos codiciosos, adquisitivos, de que nuestros corazones se hallan devorados por la envidia, de que nuestras mentes se están deteriorando.

 Y cuando por un instante tomamos conciencia de esto, lo justificamos o decimos meramente que está mal o tratamos de escapar de ello de diversas maneras.

10_La envidia es una cosa muy difícil de revelar o descubrir en uno mismo, porque la mente es el centro de la envidia, la mente misma es envidiosa.

 La propia estructura de la mente está edificada sobre la adquisición y la envidia.
 Si observamos nuestros pensamientos, el modo como pensamos, veremos que lo que llamamos pensar es generalmente un proceso de comparación: “Yo puedo explicarme mejor, tengo un conocimiento mayor, más sabiduría”.
 Pensar en términos del “más” es la operación de la mente adquisitiva, es su modo de existencia. Si ustedes no piensan en términos del “más”, encontrarán que es extremadamente difícil pensar en absoluto.
 La persecución del “más” es el movimiento comparativo del pensar, el cual crea el tiempo: tiempo para llegar a ser, para ser “alguien”; ése es el proceso de la envidia, de la adquisición.
 Pensando comparativamente, la mente dice: “Soy esto, y algún día seré aquello”; “Soy feo, pero seré hermoso en el futuro”.
 De modo que el afán adquisitivo, la envidia, el pensar comparativo produce descontento, inquietud; y nuestra reacción a eso es decir que debemos estar satisfechos con nuestra suerte, que debemos contentamos con lo que tenemos.
 Eso es lo que dicen las personas que se encuentran en la parte superior de la escalera.

Las religiones predican universalmente el contentamiento.

El verdadero contentamiento no es una reacción, no es lo opuesto del espíritu adquisitivo; es algo mucho más vasto y mucho más significativo.

 El hombre cuyo 
contentamiento es lo opuesto del espíritu adquisitivo, de la envidia, es como un vegetal, internamente es una entidad muerta, como lo está la mayoría de la gente. Casi todas esas personas que están tranquilas es porque internamente están muertas, y están muertas internamente porque han cultivado lo opuesto -lo opuesto de todo lo que son realmente-. Siendo envidiosas, dicen: “No debo ser envidioso”. Podrán negar la perpetua lucha de la envidia poniéndose un taparrabo y diciendo que no van a adquirir cosas; pero este deseo mismo de ser buenos, de no ser adquisitivos, deseo que implica lo opuesto de lo otro, sigue estando dentro del campo del tiempo, sigue formando parte del sentimiento de envidia, porque todavía desean ser alguna cosa. El verdadero contentamiento no es así, es algo mucho más creativo y profundo. No hay contentamiento cuando optamos por estar contentos; el contentamiento no llega de ese modo. Llega cuando comprendemos lo que somos realmente y no perseguimos lo que deberíamos ser.

Ustedes piensan que estarán contentos cuando hayan logrado todo lo que desean. Pueden desear ser un gobernador, un gran santo, y piensan que alcanzando ese objetivo estarán contentos. En otras palabras, esperan llegar al contentamiento mediante el proceso de la envidia. A través de un medio incorrecto esperan alcanzar un resultado correcto. El contentamiento no es satisfacción, es algo muy vital. Es un estado de creatividad en el que se comprende lo que realmente se es. Si comienzan a comprender lo que realmente son de instante en instante, de día en día, descubrirán que desde esta comprensión surge un estado extraordinario de inmensidad, de comprensión sin límites. O sea, que si somos codiciosos, lo que importa es comprender nuestra codicia y no tratar de volvemos no codiciosos; porque el deseo mismo de volverse no codicioso sigue siendo una forma de codicia.

Nuestra estructura religiosa, nuestras maneras de pensar, nuestra vida social, todo lo que hacemos se basa en el afán adquisitivo, en una perspectiva envidiosa, y durante siglos nos han educado de ese modo. Estamos tan condicionados a eso que no podemos pensar aparte de “lo mejor”, de lo “más”; debido a eso hacemos que la envidia sea algo deseable. No lo llamamos envidia, lo llamamos con diversos términos eufemísticos; pero si miran detrás de la palabra, verán que este deseo extraordinario por el “más” es egocéntrico, que les encierra en sí mismos. Limita el pensamiento.

La mente limitada por la envidia, por el “yo”, por el deseo adquisitivo de cosas o virtud, jamás puede ser una verdadera mente religiosa. La mente religiosa no es una mente comparativa. La mente religiosa ve y comprende el significado pleno de lo que es. Por eso es muy importante que nos comprendamos a nosotros mismos, lo cual equivale a percibir el funcionamiento de nuestra propia mente: los motivos, las intenciones, los anhelos, los deseos, la constante presión de perseguir cosas, presión que engendra envidia, afán adquisitivo y comparación. Cuando todo esto haya llegado a su fin mediante la comprensión de lo que es, sólo entonces conocerán ustedes la verdadera religión, sabrán lo que es Dios.

Interlocutor: La verdad, ¿es relativa o absoluta?

K.: En primer lugar, miremos a través de las palabras el significado de la pregunta. Deseamos algo absoluto, ¿no es así? El anhelo humano es por algo permanente, fijo, inmóvil, eterno, algo que no se deteriore, que no conozca la muerte: una idea, un sentimiento, un estado perdurable al que la mente pueda aferrarse. Tenemos que comprender este anhelo antes de que podamos comprender la pregunta y contestarla apropiadamente.

La mente humana desea permanencia en todo, en la relación, en la propiedad, en la virtud. Desea algo que no pueda ser destruido. Por eso decimos que Dios es permanente o que la verdad es absoluta.

¿Pero qué es la verdad? ¿Es algún misterio extraordinario, algo muy lejano, inimaginable, abstracto? ¿O la verdad es algo que uno descubre de instante en instante, de día en día? Si puede ser acumulada, reunida a través de la experiencia, entonces no es la verdad, porque detrás de esta acumulación alienta el mismo espíritu adquisitivo. Si es algo muy lejano que sólo puede ser encontrado mediante un sistema de meditación o mediante la práctica de la abnegación y el sacrificio, eso tampoco es la verdad, porque también es un proceso adquisitivo.

La verdad es para ser descubierta y comprendida en cada acción, en cada pensamiento, en cada sentimiento, por efímero o trivial que sea. Es para ser observada en cada instante de cada día, para ser escuchada en lo que dicen el marido o la esposa, en lo que dice el jardinero, en lo que dicen los amigos y en el proceso de nuestro propio pensar. Nuestro pensar puede ser falso, puede estar condicionado, limitado; y descubrir que nuestro pensar está limitado, condicionado, es la verdad. Ese descubrimiento mismo libera a la mente de su limitación. Si uno descubre que es codicioso -si lo descubre, no sólo porque algún otro se lo diga-, ese descubrimiento es la verdad, y esa verdad tiene su propia acción sobre nuestra codicia.

La verdad no es algo que uno pueda adquirir, acumular, guardar y después contar con ella como una guía. Ésa es sólo otra forma de posesión. Y es muy difícil para la mente no adquirir, no guardar. Cuando comprendas el significado de esto, descubrirás qué cosa extraordinaria es la verdad. La verdad es intemporal, pero en el instante en que la capturamos, como cuando decimos: “He descubierto la verdad, es mía”, eso ya no es más la verdad.

Por lo tanto, que la verdad sea “absoluta” o intemporal, depende de la mente. Cuando la mente dice: ‘Quiero lo absoluto, algo que jamás se deteriore, que no conozca la muerte”, lo que en realidad desea es algo permanente para aferrarse a ello; de modo que crea lo permanente. Pero una mente que se da cuenta de todo lo que ocurre fuera y dentro de ella misma y ve la verdad de ello, una mente así es intemporal; y sólo una mente semejante puede conocer aquello que está más allá de todos los nombres, más allá de lo permanente y de lo impermanente.

Interlocutor: ¿Qué es la conciencia externa?

K.: ¿No eres consciente de que estás sentado en esta sala? ¿No eres consciente de los árboles, de la puesta de sol? ¿No eres consciente del cuervo que grazna, del perro que ladra? ¿Acaso no ves el color de las flores, el movimiento de las hojas, no ves a la gente que pasa caminando? Ésa es la conciencia externa. Cuando ves la puesta de sol, las estrellas en la noche, la luz de la luna sobre el agua, todo eso es conciencia externa, ¿verdad? Y tal como estás consciente externamente, también puedes estar internamente consciente de tus pensamientos y sentimientos, de tus motivos e impulsos, de tus prejuicios, de tu envidia, de tu codicia y tu orgullo. Si estás de verdad consciente externamente, la conciencia interna también comienza a despertarse y te vuelves más y más consciente de tu reacción a lo que dice la gente, a lo que lees, etcétera. La reacción o respuesta externa en tu relación con otras personas es el resultado de un estado interno constituido por deseos, esperanzas, ansiedad, temor. Esta conciencia externa e interna es un proceso unitario que produce una integración total de la comprensión humana.

Interlocutor: ¿Qué es la verdadera y eterna felicidad?

K.: Cuando estás completamente sano no eres consciente de tu cuerpo, ¿verdad? Sólo cuando hay enfermedad, molestia, dolor, te vuelves consciente de él. Cuando estás libre para pensar completamente, sin resistencias, no existe una conciencia del pensar. Sólo cuando hay una fricción, un bloqueo, una limitación, comienzas a tener conciencia de un pensador. De igual manera, ¿es la felicidad algo de lo que eres consciente? En el instante de felicidad, ¿estás consciente de que eres feliz? Sólo cuando eres desdichado anhelas la felicidad, y entonces se suscita la pregunta: “¿Qué es la verdadera y eterna felicidad?

Ya ves cómo la mente juega trucos consigo misma. A causa de que te sientes triste, desdichado, en circunstancias insatisfactorias y demás, deseas algo eterno, una felicidad permanente. ¿Existe una cosa semejante? En vez de preguntar sobre la felicidad permanente, descubre cómo estar libre de las enfermedades que te roen creando dolor tanto físico como psicológico. Cuando eres libre no hay problema, no preguntas si existe la felicidad eterna o qué es la felicidad. Es un hombre perezoso, tonto, el que estando en prisión quiere saber qué es la libertad; y son personas perezosas, tontas, las que se lo dirán. Para el hombre que se encuentra en la prisión, la libertad es especulación pura. Pero si sale de esa prisión, no especula acerca de la libertad; la libertad está ahí.

¿No es importante, entonces, en vez de preguntar qué es la felicidad, descubrir por qué somos desdichados?

¿Por qué está mutilada la mente? ¿Cuál es la razón de que nuestros pensamientos sean limitados, pequeños, mezquinos? Si podemos comprender la limitación del pensamiento, ver la verdad el respecto, en ese descubrimiento de la verdad hay liberación.

Interlocutor: ¿Por qué desea cosas la gente?

K.: ¿No deseas comida cuando tienes hambre? ¿No deseas ropas que te abriguen y una casa para albergarte?

Éstos son deseos normales, ¿no es así? La gente sana reconoce naturalmente que necesita ciertas cosas. Es sólo el hombre enfermo o desequilibrado el que dice: “Yo no necesito comida”. Es una mente extraviada la que necesita tener muchas casas o ninguna casa en absoluto donde vivir.

Tu cuerpo tiene hambre porque estás usando energía y entonces quiere más alimento; eso es normal. Pero si dices: “Tengo que tener las comidas más sabrosas, tengo que tener solamente la comida que proporcione placer a mi paladar”, entonces comienza la perversión. Todos nosotros -no sólo los ricos sino todos en el mundo- debemos tener comida, ropas y albergue; pero si estas necesidades fisicas se limitan, se controlan y se toman accesibles sólo para unos pocos, entonces hay perversión, se pone en marcha un proceso anormal. Si uno dice: “Debo acumular, debo tenerlo todo para mí”, está privando a otros de aquello que es esencial para sus necesidades cotidianas.

Mira, el problema no es sencillo, porque deseamos otras cosas además de las que son esenciales para nuestras necesidades cotidianas. Puedo satisfacerme con poca comida, unas cuantas ropas y un lugar pequeño donde vivir; pero deseo algo más. Deseo ser una persona conocida, deseo posición social, poder, prestigio, deseo estar lo más cerca posible de Dios, deseo que mis amigos piensen bien de mí, etc. Estos deseos internos pervierten los intereses externos de todos los seres humanos. El problema es un poco difícil, porque el deseo interno de ser el hombre más rico o más poderoso, el impulso de ser alguien depende, para su satisfacción, de la posesión de cosas, incluyendo alimento, ropas y albergue. Me apoyo en estas cosas a fin de enriquecerme internamente; pero en tanto me encuentre en este estado de dependencia, es imposible que sea rico internamente, porque esto último implica ser totalmente sencillo en lo interno.

Extracto de: EL ARTE DE VIVIR – J. Krishnamurti

Pag. Anterior: Krishnamurti – Lo que importa es la comprensión, no el recuerdo.
http://www.trabajadoresdelaluz.com.ar/index.php?ndx=3642

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